20 de Junio de 2009. Festival Metalway. Zaragoza
Circunstancias personales nos impedían cubrir el festival tal y como se merecía, los cuatro días y hablando de todos los grupos que conformaban el cartel. Pero, con todo, no pudimos resistir las ganas de ver a la formación original de BARON ROJO y llegamos a la actuación casi con el tiempo justo.
La ubicación del recinto era distinta a la del año pasado, aunque próxima. Pero al contrario que la anterior edición, esta vez sí se tomaron las precauciones oportunas. Durante todo el día sopló un viento casi huracanado, asustaba de verdad, al abrir la puerta del coche parecía que te la iba a arrancar. Y el escenario y todo lo demás aguantaron. Quitando cierto acojone al ver cómo se movían a veces las luces, todo funcionó perfectamente, sin peligro y sin que amenazara el fantasma de la suspensión. Sin embargo, los que no escarmentaron fueron los asistentes, muchísima gente se presentó en bermudas y chanclas, y se puede imaginar lo que pasa cuando al viento le sumas las altas temperaturas según avanza la noche. Algunos pudieron envolverse en mantas de viaje rescatadas de los maleteros, de esas que nunca recuerdas ni que las llevas. Otros y otras se tuvieron que conformar con toallas, y la mayoría… a pelo y echando cojones.
Circunstancias personales nos impedían cubrir el festival tal y como se merecía, los cuatro días y hablando de todos los grupos que conformaban el cartel. Pero, con todo, no pudimos resistir las ganas de ver a la formación original de BARON ROJO y llegamos a la actuación casi con el tiempo justo.
La ubicación del recinto era distinta a la del año pasado, aunque próxima. Pero al contrario que la anterior edición, esta vez sí se tomaron las precauciones oportunas. Durante todo el día sopló un viento casi huracanado, asustaba de verdad, al abrir la puerta del coche parecía que te la iba a arrancar. Y el escenario y todo lo demás aguantaron. Quitando cierto acojone al ver cómo se movían a veces las luces, todo funcionó perfectamente, sin peligro y sin que amenazara el fantasma de la suspensión. Sin embargo, los que no escarmentaron fueron los asistentes, muchísima gente se presentó en bermudas y chanclas, y se puede imaginar lo que pasa cuando al viento le sumas las altas temperaturas según avanza la noche. Algunos pudieron envolverse en mantas de viaje rescatadas de los maleteros, de esas que nunca recuerdas ni que las llevas. Otros y otras se tuvieron que conformar con toallas, y la mayoría… a pelo y echando cojones.
Otro aspecto positivo de la organización fueron lo horarios, cuando salió Barón Rojo al escenario, a las 02:00 de la mañana, había apenas media hora de retraso, lo cual no es nada si pensamos en la gran cantidad de grupos que habían tocado. Por lo que la gente nos pudo decir, los que más público congregaron fueron Europe. No podemos decir lo mismo de los Barones, calculamos que habría unas 4000 personas, siendo muy optimistas 5000. Esto debería hacer reflexionar a ciertos sectores de la prensa especializada que llevan años dando el coñazo con la reunión. Por mucho ruido que hagan cuatro foreros y algunos pseudo periodistas (aún recuerdo aquel disparatado editorial de la Heavy Rock que hablaba de “clamor popular”), al público masivo, que es el que paga entradas y compra discos, le importa tres pepinos la formación original. Se esperaban 15000 personas y no asistió ni un tercio. Hay quien está convencido de que la reunión va a provocar automáticamente que Barón Rojo vuelva a llenar estadios y a vender decenas de miles discos, y de paso que en su subida va a arrastrar de nuevo al resto del movimiento estatal. Ya va siendo hora de ser realistas y dejar de soñar con sandeces. Lo cual no quita que esté muy bien verles juntos otra vez, pero será porque les dé la gana a los interesados, no porque lo pidan centenares de miles de fans.
Porque sí, estuvo muy bien. La verdad es que íbamos con cierto escepticismo. Para la posteridad queda el que posiblemente es el peor CD en directo de la historia de nuestro rollo, en el cual queda plasmado de forma casi lastimosa el deplorable estado de la voz de Sherpa. No quisimos ni hacer crítica de aquel disco, por pena y por vergüenza. Y los De Castro debían tener los mismos temores. Pero inexplicablemente, la voz de Campuzano parece haber resucitado. Bien es cierto que a veces se le notó fatiga, pero nada comparado a lo mal que lo hemos visto otras veces. Suponemos que también tuvo que ver que el set se estructurara alternando las canciones de Carlos y Sherpa, lo cual sin duda ayudó a que el gran bajista se dosificara y aguantara así mucho más.
Porque sí, estuvo muy bien. La verdad es que íbamos con cierto escepticismo. Para la posteridad queda el que posiblemente es el peor CD en directo de la historia de nuestro rollo, en el cual queda plasmado de forma casi lastimosa el deplorable estado de la voz de Sherpa. No quisimos ni hacer crítica de aquel disco, por pena y por vergüenza. Y los De Castro debían tener los mismos temores. Pero inexplicablemente, la voz de Campuzano parece haber resucitado. Bien es cierto que a veces se le notó fatiga, pero nada comparado a lo mal que lo hemos visto otras veces. Suponemos que también tuvo que ver que el set se estructurara alternando las canciones de Carlos y Sherpa, lo cual sin duda ayudó a que el gran bajista se dosificara y aguantara así mucho más.
Como hemos dicho, el repertorio se organizó para que se turnaran los dos cantantes. No sonó nada de los tiempos más recientes de Barón, todo fueron canciones de los cinco primeros discos, más “Tierra de Nadie”, que fue una de las grandes sorpresas de la noche. Como lo fueron “Tierra de Vándalos”, “Rockero Indomable” o “Se Escapa El Tiempo”. Desde el momento en que abrieron con “Concierto Para Ellos” ya vimos que iba a ser un show atípico. Curiosamente, también tocaron varias instrumentales, “Efluvios”, “El Barón Vuela Sobre Inglaterra” o “Buenos Aires”. Otras muchas fueron las habituales, caso de “Son Como Hormigas”, “Hermano del Rock And Roll”, “Cuerdas de Acero” y una larga lista que no hace falta enumerar. En cuanto al montaje, fue sin duda el mejor de todos los conciertos de Barón que llevamos a nuestras espaldas, con unas pantallas gigantes que iban poniendo imágenes relacionadas con la letra del tema que se escuchaba en ese momento.
¿Se notó mucho que los cuatro llevaran casi 20 años sin actuar juntos? Pues no. Aparte de algunos gazapos, de los que la gente casi no se da cuenta, aquello sorprendió hasta a los más escépticos. Sólo hubo un momento de confusión destacable en “Herencia Letal”. Suponemos que en los ensayos decidieron cantarla a dúo, o quizá a Carlos le dio la impresión de que José Luis se quedaba sin voz y acudió en su ayuda. La cuestión es que los dos empezaron a cantar a la vez, sin saber muy bien cuándo debía entrar uno u otro. Aparte de este desajuste, la actuación se desarrolló mucho mejor de lo esperado, lo cual provocó la alegría y la motivación de la banda, especialmente de Sherpa, a quien se veía eufórico. No paró de dirigirse al público, comportándose como un showman, sintiéndose protagonista y disfrutando de ello. El que no mostraba tanto entusiasmo fue Hermes, siempre con esa cara de sonámbulo, aunque su dominio de la batería está fuera de toda duda. Los hermanos también parecían contentos al ver que las cosas marchaban bastante mejor que bien. Hay que señalar que no se complicaron la vida y fueron directos al grano, suprimiendo los medleys de “Con Botas Sucias” o “Los Rockeros Van al Infierno”, que fue apoteósica, ya en la recta final. No menos emotiva fue la salida al escenario de Carolina Cortés, que fue ovacionada tal y como se merecía.
¿Se notó mucho que los cuatro llevaran casi 20 años sin actuar juntos? Pues no. Aparte de algunos gazapos, de los que la gente casi no se da cuenta, aquello sorprendió hasta a los más escépticos. Sólo hubo un momento de confusión destacable en “Herencia Letal”. Suponemos que en los ensayos decidieron cantarla a dúo, o quizá a Carlos le dio la impresión de que José Luis se quedaba sin voz y acudió en su ayuda. La cuestión es que los dos empezaron a cantar a la vez, sin saber muy bien cuándo debía entrar uno u otro. Aparte de este desajuste, la actuación se desarrolló mucho mejor de lo esperado, lo cual provocó la alegría y la motivación de la banda, especialmente de Sherpa, a quien se veía eufórico. No paró de dirigirse al público, comportándose como un showman, sintiéndose protagonista y disfrutando de ello. El que no mostraba tanto entusiasmo fue Hermes, siempre con esa cara de sonámbulo, aunque su dominio de la batería está fuera de toda duda. Los hermanos también parecían contentos al ver que las cosas marchaban bastante mejor que bien. Hay que señalar que no se complicaron la vida y fueron directos al grano, suprimiendo los medleys de “Con Botas Sucias” o “Los Rockeros Van al Infierno”, que fue apoteósica, ya en la recta final. No menos emotiva fue la salida al escenario de Carolina Cortés, que fue ovacionada tal y como se merecía.
Pero todo tiene un final, y tras más de dos horas y media largas había que terminar, si no recordamos mal con “Resistiré” e “Hijos de Caín”. Pero fue casualidad, un aviso policial obligó a parar cuando aún quedaban nueve temas pendientes en el set list. Desde luego, lo que hay que agradecer a los barones es su entrega a los fans. No creo que nadie salga a tocar con la idea de hacerlo durante tres horas, por muy bien que le hayan pagado. Aunque la reunión definitiva aún es difícil, resulta más que probable la repetición de la experiencia El año que viene, con la excusa del 30 aniversario seguro que tendremos alguna otra oportunidad.
Texto: Nacho Jordán
Fotos: Eduardo Cabello
Fotos: Eduardo Cabello
Lo primero que quiero decir es que estos cuatro bichos cada vez consiguen sonar más compactos y demoledores, algo que ya habíamos comprobado con anterioridad, y que parece que cada vez más gente quiere comprobar observando la más que aceptable entrada, unas doscientas personas, que presentó la sala para la ocasión teniendo en cuenta que estábamos en mitad de un puente y la cantidad de conciertos y festivales que se avecinaban. El motivo principal de la cita era la presentación en la capital del fantástico “What Doesn’t Kill Us...”, el último trabajo del grupo que nos ofrecieron en su integridad, acompañado de alguna que otra versión, y del recuerdo para su anterior EP “The Comeback” del que cayeron un par de temas.
El primero de ellos “A Sheep In Wolf’s Clothing” con el que abrieron con la contundencia y actitud habituales que desde un principio nos atrapó e hizo que no pudiéramos para de mover el cuello prácticamente en toda la velada. A todo esto comprobamos la tremenda evolución como frontman de Miguel Rocha, al que se le ve cada vez más cómodo en su papel de guitarrista y cantante, respaldado brillantemente por Dani Millán con su impecable Gibson, y por un Alex rotundo y poderoso a la batería, junto a la solidez de Santi que desgraciadamente está despidiéndose de la banda en esta gira y no continuará en la misma. “Winners Race” y “In The Name Of” fueron los primeros trallazos que destriparon de su último disco, sonando tremendos, sobre todo el segundo con un estribillo más asequible y directo.
Primera versión, en este caso para “5 Minutes Alone” de Pantera, evidentemente dedicada por Miguel al maestro Dimebag Darrell al que definió acertadamente como el guitarrista más influyente de los últimos tiempos, algo de lo que desde luego él es un buen ejemplo. Recuerdo para mi tema favorito de la banda “Seeds Of Hate”, original de su demo de 2002 “Rising” que han recuperado y regrabado, y que para interpretarla en directo contó con la participación de los ex del grupo Carlos Peña al bajo y Nacho Arriaga a la batería que disfrutaron y nos hicieron disfrutar una vez más con su interpretación. Continuó el desfile de invitados con el vocalista de Time Symmetry Dave Rubio y con la cantante Elena Aznar que hicieron una buena labor compartiendo sus voces en la menos frenética “Cross Of Shame”, para volver a continuación a “The Comeback” con “Die Away”.
Penúltima versión de la noche para la ya más habitual “Fuel” de Metallica que sonó potente y rotunda, destilando mala leche, enlazando con “Inner Enemy”, que dio paso a la salida a escena de José Garrido guitarrista de Arwen que puso su clase en “The Hole”, sucedido sin apenas descanso por Albert Maroto (ex Dark Moor y Dreamaker) que tomó el relevo para afilar su guitarra y clavárnosla en el oído con “...Makes Us Stronger” con es rollo Annihilator que me encanta. Cerró el trío de hachas Bernardo Llobregat, al que estábamos acostumbrados a ver en tesituras más tranquilas con Nexx, pero que demostró que cuando hay que meter caña no tiene ningún problema dando buena cera en “Decade”.
Prácticamente llegamos al final de la fiesta, en esto que me despisto y empiezan a descargar un tema que no conozco, luego me enteré que era una versión de “Replica” de Fear Factory banda que apenas he escuchado, con un montón de peña en el escenario de nuevo con Albert Maroto y con José, guitarrista de Unsouled (banda que abrió el show, a los que no pudimos ver y de los que nos dieron muy buenas referencias), y en la que ya se volvieron locos. Miguel y Dani sin camiseta, dando una caña tremenda, e incluso haciendo subir a un servidor a hacer que cantaba junto al señor Rocha que terminó tirándose encima del público que aguant su rotunda anatomía.
Cierre desfasado, llenó de adrenalina y sudor, y por supuesto de la entrega y energía que nunca faltan en los conciertos de la “G” que se lo dejan todo en cada actuación. Sin duda estamos ante una de las formaciones más sólidas, divertidas y potentes en directo de nuestro país, el presente y el futuro son suyos.