JUDAS PRIEST – MEGADETH – TESTAMENT
15 de marzo 2009. La Cubierta – Leganés
Difícilmente se podría configurar un cartel más atractivo par los seguidores del heavy metal que el que se nos presentaba en la gira de este PRIEST FEAST que el pasado domingo 15 de marzo llegaba a la Comunidad de Madrid. Y se notó con la respuesta de un público que prácticamente abarrotó el coso de Leganés, a pesar de que muchos factores podían presagiar lo contrario. A saber: el elevado precio de las entradas (casi 50 euros) en estos tiempos de crisis, la mala fama ganada a pulso por el sonido del recinto, las recientes visitas a España de las tres bandas, el tener que madrugar al día siguiente, el fútbol (bueno, esto sólo para algunos como el que suscribe), el disponer de tres fechas más en nuestro país dentro de esta gira, y seguro que alguna cosa más que ahora se me escapa. Nunca he sabido exactamente cual es el aforo de La Cubierta, y con lo malo que soy calculando audiencias, no os fiéis mucho, pero creo que alrededor de 10.000 entregados fanáticos del metal más clásico y contundente pudimos disfrutar de tres auténticas descargas que llenaron y superaron en buena medida las expectativas.
Se encargaron de abrir fuego los californianos TESTAMENT, recuperados iconos del thrash metal de la Bay Area y que empezamos a escuchar desde fuera de la plaza de toros debido a las interminables colas que tuvimos que aguantar antes de acceder al recinto, para la próxima vez a ver si se pueden abrir más puertas. Nada más entrar nos encontramos de morros con un enorme telón de la imagen de la portada del último disco del grupo “The Formation Of Damnation” y con “Souls Of Black” sonado rotundo, posiblemente su clásico entre clásicos con el orondo Chuck Billy comandando las operaciones desplegando todo su magnetismo y carisma en escena a base de fuerza y agresividad, bien acompasada por dos tremendos hachas como son Eric Peterson y sobre todo el gran Alex Skolnick. Por desgracia una vez acomodados en la parte más alta de las gradas volvimos a comprobar que el sonido de La Cubierta, sin ser de los peores que hemos sufrido allí, no era ni mucho menos el que merecía el quinteto de San Francisco, con la batería del animal Paul Bostaph apabullando y tapando al resto del grupo, incluso al bajista Greg Christian a pesar de sus ímprobos esfuerzos por sonar decentemente y agradar. En cuanto al set ya habían sonado “Over The Wall” para empezar y la aplastante “The New Order”, a la que siguieron la no menos interesante y reivindicativa “Practice What You Preach”, y sobre todo “More Than Metes The Eye” y “The Formation Of Damnation” dos de los pelotazos más destacados de su último gran trabajo y que me volvieron a agradar mucho en directo. Buen aperitivo para ir abriendo boca y al que sólo le falló el sonido.
Nada más finalizar la actuación de Testament, parece que a alguien por una vez, y esperemos que sirva de precedente, le dio por pensar y se abrió la cúpula de La Cubierta. Algo que además de despejar y refrescar el caldeado ambiente que se había creado, sirvió para que MEGADETH gozaran de un sonido mucho más digno y competente, acorde con su calidad. Lo aprovecharon para marcarse una enorme hora de fuerza y calidad en la que nos dejaron satisfechos por el buen trabajo realizado pero con ganas de más. Con una sobria puesta en escena, telón negro con el logo del grupo a gran tamaño, y sin más efectos visuales que un buen juego de luces y sus marshall, aparecieron sobre las tablas Mustaine y sus chicos con esa actitud arrogante y agresiva que les caracteriza, pero a la vez elegantes y cómplices con el público. Un público que ya empezó a enloquecer con las primeras notas de “Sleepwalker”, único tema que interpretaron de su última y magnífica entrega “United Abominations”, del que eché en falta alguno más como “Washington Is Next” o el propio tema título. A partir de aquí prácticamente clásico tras clásico con la locura desatada entre el respetable, fueron cayendo “Wake Up Dead”, “Take No Prisoners”, la inmensa “A Tout Le Monde” que sonó espectacular y fue coreada a grito pelado, para seguir con las más poderosas “Skin O’My Teeth”, “She Wolf” y “In My Darkest Hour”, donde brillaron las guitarras tanto del ex Jag Panzer recientemente incorporado al grupo Chris Broderik y del propio Mustaine, que por cierto cantó realmente bien y se mostró bastante simpático, comunicativo y para nada ególatra. Llegamos a uno de los puntos cumbres de la actuación de Megadeth cuando empezaron a sonar los primeros acordes de “Symphony Of Destruction”, coreada al más puro estilo argentino “Aguanta Megadeth, Megadeth, Aguanta Megadeth” siguiendo el ritmo de sus guitarras y bajo, también muy bien marcado por el ex White Lion James Lomenzo y con la batería de Shawn Drover que sonó algo baja en mi opinión, a pesar del espectacular kit que lució con los platos colgados. Hasta el final se mantuvo la intensidad y calidad con ”Sweating Bullets”, “Hangar 18” que me encantó como sonó, al igual que “Peace Sells” que tras un breve descanso dio paso al bis con otra de mis favoritas, “Holy Wars” que puso el broche a una grandísima actuación. Muy bien por Megadeth.
Tiempo para el descanso, algo más prolongado que el anterior por el cambio de equipo, luces fuera y tras las notas de la intro “Dawn Of Creation” llegaba el momento de comprobar el estado de forma de Tipton, Downing, Hill, Travis y sobre todo Halford. Y es que JUDAS PRIEST dejaron bastante insatisfechos a muchos de sus seguidores, incluido un servidor, en sus actuaciones festivaleras del pasado verano. Pero en esta ocasión desde un principio se veía que la cosa iba a ser distinta, sonando casi perfectos, con mejor actitud en escena, y sobre todo con un Halford en mucho mejor estado vocal. El montaje y el set fueron prácticamente iguales que los que llevaron en su gira anteriormente citada, pero no se por qué me sonó mucho mejor, les noté mucho más a gusto y acoplados que en su actuación del pasado Sweden Rock que es donde les pude ver, y en definitiva me llenó mucho más. Con el telón de la portada de su controvertida y creo no bien ponderada obra conceptual “Nostradamus”, interpretaron “Prophecy”, con Halford empezando a mostrar su clase y su extenso vestuario que una vez más cambió en repetidas ocasiones, y que conectó bastante bien con el público, que acabó de entregarse con la mítica e inevitable “Metal Gods” coreada con poderío y con Rob llegando a unos agudos como hacía tiempo que no le escuchábamos, ayudado eso sí por el casi omnipresente reverb, al ritmo de sus típicos movimientos robóticos. A continuación tres trallazos menos habituales en giras pretéritas y que me supieron a gloria como fueron la afiliada “Eat Me Alive”, la más pesada “Between The Hammer And The Anvil” y “Devil’s Child” con esa agresividad vocal controlada por las guitarras de Glenn Tipton y K.K. Downing que sonaron de escándalo todo el concierto, ayudados por la oscura y efectiva labor de Ian Hill en le bajo, y por el tremendo trabajo del batería Scott Travis que volvió a salirse. Un nuevo himno coreable y coreado, “Breaking The Law”, mostró una vez más del triunfo de la sencillez y que por ella no pasa el tiempo, y fue un pequeño puente antes de una parte más densa y tranquila del show en la que sonaron rotundas la afilada “Hell Patrol”, la casi doom “Death” que sigue siendo la que menos me convence del actual repertorio de los de Birgmingham, la mítica “Dissident Agressor” que nos transportó hasta 1977 con su sonido más sucio y sencillo con las hirientes guitarras de Glenn y K.K., y la inmensa balada “Angel” en la que se lucieron por todo lo alto, sobre todo un Halford sublime. Pero a partir de aquí se acabó la calma y el frenético desarrollo de los temas se apoderó del coso madrileño y ya no pudimos parar de mover el pie y el cuello hasta el final. Fueron cayendo sin apenas respiro “Rock Hard, Ride Free” maravillosa una vez más, “Sinner” como me sigue poniendo este tema y que bien me sonó, y con la que más dudas despertaba, la súper exigente “Painkiller” que Halfrod sacó adelante muy dignamente y que nos dejó un gran regusto antes del primer y merecido descanso para los músicos. Tampoco nos hicieron esperar mucho y tras las puertas que se situaban debajo de la plataforma de batería, empezaba a escucharse el rugido de la Harley sobre la que apareció el Metal God para dar paso a otro himno como es “Hell Bent For Leather” en la que los coros y saltos por parte del personal pusieron a prueba la resistencia de la estructura de La Cubierta, al igual que con esa barbaridad de tema que es “The Green Manalishi” en la que los agudos no llegaron a ser los de “Unleashed In The East” pero no desmerecieron, y por supuesto con las más fiesteras “You’ve Got Another Thing Coming” y la no prevista en principio “Livin’ After Midnight” con la que nos obsequiaron por la maravillosa respuesta y comunión que se creó con el respetable. Muy buen final para uno de los mejores conciertos, y van unos pocos, que he visto de Judas Priest, y que esperemos mantengan la línea y el nivel, para algo siguen siendo los Dioses del Metal y a fe que lo demostraron.
15 de marzo 2009. La Cubierta – Leganés
Difícilmente se podría configurar un cartel más atractivo par los seguidores del heavy metal que el que se nos presentaba en la gira de este PRIEST FEAST que el pasado domingo 15 de marzo llegaba a la Comunidad de Madrid. Y se notó con la respuesta de un público que prácticamente abarrotó el coso de Leganés, a pesar de que muchos factores podían presagiar lo contrario. A saber: el elevado precio de las entradas (casi 50 euros) en estos tiempos de crisis, la mala fama ganada a pulso por el sonido del recinto, las recientes visitas a España de las tres bandas, el tener que madrugar al día siguiente, el fútbol (bueno, esto sólo para algunos como el que suscribe), el disponer de tres fechas más en nuestro país dentro de esta gira, y seguro que alguna cosa más que ahora se me escapa. Nunca he sabido exactamente cual es el aforo de La Cubierta, y con lo malo que soy calculando audiencias, no os fiéis mucho, pero creo que alrededor de 10.000 entregados fanáticos del metal más clásico y contundente pudimos disfrutar de tres auténticas descargas que llenaron y superaron en buena medida las expectativas.
Se encargaron de abrir fuego los californianos TESTAMENT, recuperados iconos del thrash metal de la Bay Area y que empezamos a escuchar desde fuera de la plaza de toros debido a las interminables colas que tuvimos que aguantar antes de acceder al recinto, para la próxima vez a ver si se pueden abrir más puertas. Nada más entrar nos encontramos de morros con un enorme telón de la imagen de la portada del último disco del grupo “The Formation Of Damnation” y con “Souls Of Black” sonado rotundo, posiblemente su clásico entre clásicos con el orondo Chuck Billy comandando las operaciones desplegando todo su magnetismo y carisma en escena a base de fuerza y agresividad, bien acompasada por dos tremendos hachas como son Eric Peterson y sobre todo el gran Alex Skolnick. Por desgracia una vez acomodados en la parte más alta de las gradas volvimos a comprobar que el sonido de La Cubierta, sin ser de los peores que hemos sufrido allí, no era ni mucho menos el que merecía el quinteto de San Francisco, con la batería del animal Paul Bostaph apabullando y tapando al resto del grupo, incluso al bajista Greg Christian a pesar de sus ímprobos esfuerzos por sonar decentemente y agradar. En cuanto al set ya habían sonado “Over The Wall” para empezar y la aplastante “The New Order”, a la que siguieron la no menos interesante y reivindicativa “Practice What You Preach”, y sobre todo “More Than Metes The Eye” y “The Formation Of Damnation” dos de los pelotazos más destacados de su último gran trabajo y que me volvieron a agradar mucho en directo. Buen aperitivo para ir abriendo boca y al que sólo le falló el sonido.
Nada más finalizar la actuación de Testament, parece que a alguien por una vez, y esperemos que sirva de precedente, le dio por pensar y se abrió la cúpula de La Cubierta. Algo que además de despejar y refrescar el caldeado ambiente que se había creado, sirvió para que MEGADETH gozaran de un sonido mucho más digno y competente, acorde con su calidad. Lo aprovecharon para marcarse una enorme hora de fuerza y calidad en la que nos dejaron satisfechos por el buen trabajo realizado pero con ganas de más. Con una sobria puesta en escena, telón negro con el logo del grupo a gran tamaño, y sin más efectos visuales que un buen juego de luces y sus marshall, aparecieron sobre las tablas Mustaine y sus chicos con esa actitud arrogante y agresiva que les caracteriza, pero a la vez elegantes y cómplices con el público. Un público que ya empezó a enloquecer con las primeras notas de “Sleepwalker”, único tema que interpretaron de su última y magnífica entrega “United Abominations”, del que eché en falta alguno más como “Washington Is Next” o el propio tema título. A partir de aquí prácticamente clásico tras clásico con la locura desatada entre el respetable, fueron cayendo “Wake Up Dead”, “Take No Prisoners”, la inmensa “A Tout Le Monde” que sonó espectacular y fue coreada a grito pelado, para seguir con las más poderosas “Skin O’My Teeth”, “She Wolf” y “In My Darkest Hour”, donde brillaron las guitarras tanto del ex Jag Panzer recientemente incorporado al grupo Chris Broderik y del propio Mustaine, que por cierto cantó realmente bien y se mostró bastante simpático, comunicativo y para nada ególatra. Llegamos a uno de los puntos cumbres de la actuación de Megadeth cuando empezaron a sonar los primeros acordes de “Symphony Of Destruction”, coreada al más puro estilo argentino “Aguanta Megadeth, Megadeth, Aguanta Megadeth” siguiendo el ritmo de sus guitarras y bajo, también muy bien marcado por el ex White Lion James Lomenzo y con la batería de Shawn Drover que sonó algo baja en mi opinión, a pesar del espectacular kit que lució con los platos colgados. Hasta el final se mantuvo la intensidad y calidad con ”Sweating Bullets”, “Hangar 18” que me encantó como sonó, al igual que “Peace Sells” que tras un breve descanso dio paso al bis con otra de mis favoritas, “Holy Wars” que puso el broche a una grandísima actuación. Muy bien por Megadeth.
Tiempo para el descanso, algo más prolongado que el anterior por el cambio de equipo, luces fuera y tras las notas de la intro “Dawn Of Creation” llegaba el momento de comprobar el estado de forma de Tipton, Downing, Hill, Travis y sobre todo Halford. Y es que JUDAS PRIEST dejaron bastante insatisfechos a muchos de sus seguidores, incluido un servidor, en sus actuaciones festivaleras del pasado verano. Pero en esta ocasión desde un principio se veía que la cosa iba a ser distinta, sonando casi perfectos, con mejor actitud en escena, y sobre todo con un Halford en mucho mejor estado vocal. El montaje y el set fueron prácticamente iguales que los que llevaron en su gira anteriormente citada, pero no se por qué me sonó mucho mejor, les noté mucho más a gusto y acoplados que en su actuación del pasado Sweden Rock que es donde les pude ver, y en definitiva me llenó mucho más. Con el telón de la portada de su controvertida y creo no bien ponderada obra conceptual “Nostradamus”, interpretaron “Prophecy”, con Halford empezando a mostrar su clase y su extenso vestuario que una vez más cambió en repetidas ocasiones, y que conectó bastante bien con el público, que acabó de entregarse con la mítica e inevitable “Metal Gods” coreada con poderío y con Rob llegando a unos agudos como hacía tiempo que no le escuchábamos, ayudado eso sí por el casi omnipresente reverb, al ritmo de sus típicos movimientos robóticos. A continuación tres trallazos menos habituales en giras pretéritas y que me supieron a gloria como fueron la afiliada “Eat Me Alive”, la más pesada “Between The Hammer And The Anvil” y “Devil’s Child” con esa agresividad vocal controlada por las guitarras de Glenn Tipton y K.K. Downing que sonaron de escándalo todo el concierto, ayudados por la oscura y efectiva labor de Ian Hill en le bajo, y por el tremendo trabajo del batería Scott Travis que volvió a salirse. Un nuevo himno coreable y coreado, “Breaking The Law”, mostró una vez más del triunfo de la sencillez y que por ella no pasa el tiempo, y fue un pequeño puente antes de una parte más densa y tranquila del show en la que sonaron rotundas la afilada “Hell Patrol”, la casi doom “Death” que sigue siendo la que menos me convence del actual repertorio de los de Birgmingham, la mítica “Dissident Agressor” que nos transportó hasta 1977 con su sonido más sucio y sencillo con las hirientes guitarras de Glenn y K.K., y la inmensa balada “Angel” en la que se lucieron por todo lo alto, sobre todo un Halford sublime. Pero a partir de aquí se acabó la calma y el frenético desarrollo de los temas se apoderó del coso madrileño y ya no pudimos parar de mover el pie y el cuello hasta el final. Fueron cayendo sin apenas respiro “Rock Hard, Ride Free” maravillosa una vez más, “Sinner” como me sigue poniendo este tema y que bien me sonó, y con la que más dudas despertaba, la súper exigente “Painkiller” que Halfrod sacó adelante muy dignamente y que nos dejó un gran regusto antes del primer y merecido descanso para los músicos. Tampoco nos hicieron esperar mucho y tras las puertas que se situaban debajo de la plataforma de batería, empezaba a escucharse el rugido de la Harley sobre la que apareció el Metal God para dar paso a otro himno como es “Hell Bent For Leather” en la que los coros y saltos por parte del personal pusieron a prueba la resistencia de la estructura de La Cubierta, al igual que con esa barbaridad de tema que es “The Green Manalishi” en la que los agudos no llegaron a ser los de “Unleashed In The East” pero no desmerecieron, y por supuesto con las más fiesteras “You’ve Got Another Thing Coming” y la no prevista en principio “Livin’ After Midnight” con la que nos obsequiaron por la maravillosa respuesta y comunión que se creó con el respetable. Muy buen final para uno de los mejores conciertos, y van unos pocos, que he visto de Judas Priest, y que esperemos mantengan la línea y el nivel, para algo siguen siendo los Dioses del Metal y a fe que lo demostraron.
Mariano Palomo
A los
De todo esto nos enteramos mucho más tarde. Lo que resultaba chocante en el pabellón en los momentos previos era el elevado número de músicos con sus instrumentos en mano que se mezclaban con el público entrando y saliendo, y no menos llamativa era la cantidad de gente mayor, casi diría anciana, que había en el recinto. Se trataba de un pabellón deportivo, con lo cual muchos eligieron quedarse en las gradas en vez de en la pista. Ni que decir tiene que se agotaron las entradas, fuera se quedó bastante peña con un cabreo monumental, y no se entiende que el Ayuntamiento no permitiera más aforo, creo que podrían haber entrado sin ningún peligro por lo menos 500 personas más.
El retraso ha sido sólo de 20 minutos. Los cerca de 100 músicos de la orquesta en sus puestos, aparece el director Andrés Valero, y arrancan con un intro súper cañera, al mismo tiempo que desquiciada y casi diría enervante. ¿Cómo empezaría Barón Rojo? ¿Con “Breakthoven”? ¿Quizá con “Al Final Perderán?” Pues no, van a lo seguro con la canción que les da nombre. Al principio se les nota cuidadosos, temerosos de que todo se vaya a la mierda por una metedura de pata. Entonces recordé el poco tiempo que lleva Gorka en la banda y los escasos bolos que le había dado tiempo a hacer. Pero pasan los minutos, y la cosa funciona. Poco a poco los Barones se van relajando. Con “Desertores del Rock”, que resultó apoteósica, ya se han soltado por completo, sobre todo Armando, que como siempre no sabe estarse quieto. “Larga Vida Al Rock And Roll” y “El Hombre de Las Cavernas” quedan geniales.
En “Incomunicación” Carlos finaliza con su armónica, como ya es costumbre, momento en el que la orquesta se detiene. Y seguirá parada Con “Invulnerable” y “Te Espero en El Infierno”. Como veremos más adelante, Barón Rojo han optado por el “más difícil todavía”. Quizá para que la orquesta tenga algunos momentos de descanso, hay unos cuantos temas en los que tocan solos, pero “casualmente” son canciones que hace mucho que no interpretan, recuperadas para la ocasión como aliciente añadido. Una dificultad suplementaria para Gorka, pero la gente ni se entera, el ensamblaje que en tan poco tiempo ha conseguido con Rafa, Carlos y Armando es simplemente perfecto.
La orquesta recupera la actividad con “Las Flores del Mal” y “Satánico Plan (Volumen Brutal)” que fue de las que mejor quedaron. En “Cueste Lo Que Cueste” el pabellón entero hace palmas, hasta los músicos de la orquesta. Tras “El Malo” la banda sinfónica toma un nuevo respiro, esta vez son “Caso Perdido” y “La Voz de Su Amo” las que Barón toca “a pelo”.
La orquesta vuelve a la acción al mismo tiempo que el público explota al llegar “Concierto para Ellos”. Siguen “Cuerdas de Acero” y “Con Botas Sucias”. En “Los Roqueros Van al Infierno” se mantiene el medley con “Smoke On The Water” y “Highway To Hell”, se puede imaginar cómo las recibió la gente. De nuevo la orquesta se detiene. Ahora son “Hiroshima” y “Se Escapa El Tiempo” las elegidas.
Podemos decir que llega un bis, porque Barón Rojo se va del escenario. Ahora es la orquesta quien se queda sola (es un decir) interpretando la magistral 5ª Sinfonía de Beethoven. No pude evitar acordarme de la letra que le puso La Trinca hace casi un cuarto de siglo en su genial y desternillante “Oda Al Papel Higiénico”. Creo todos sabíamos que detrás sólo podía ir “Breakthoven” Por última vez en la noche, la orquesta se detiene para “What´s Next To The Moon”. El trabajo vocal de Carlos está siendo de matrícula de honor. Cuando los lectores escuchen el disco juzgarán si se nota su constipado. El final llega con dos imprescindibles: “Resistiré” y “Siempre Estás Allí”.
Cuando ya pensábamos que todo había terminado, llega otro inesperado bis totalmente fuera de guión. Los miembros de la banda sinfónica convencen a los barones para que interpreten como broche final las conocidas “Czardas”. La orquesta en pleno baila sobre el escenario. Sin espacio para moverse ante la caótica invasión, se las apañan para tocar como pueden ante el júbilo generalizado. En total ha faltado unos pocos minutos para las tres horas. Si para nosotros ha sido agotador, no quiero imaginar lo que habrá sido para los músicos, tanto para los sinfónicos como para los rockeros. Pero sin duda el experimento ha merecido la pena, y mucho.